El hide cuenta con dos ventanas distintas provistas de cristal espía, lo que permite fotografiar hacia cualquier de los lados que escojan nuestras esquivas modelos para dejarse caer. Hecho de sandwich de chapa, es muy cómodo para tres personas y evitará pasar mucho frío a los ocupantes. Un ingenioso sistema de persianas unidas por unas poleas permite que, cuando una baja, la otra suba y siempre haya un cristal listo para fotografiar, mientras el que está en el lado contrario queda cerrado para evitar reflejos en el interior que puedan hacernos visibles.
Aquí están las grullas y algunas aves más que he podido fotografíar desde el hide, en una pequeña charca que hay a seis o siete metros; lástima el martín pescador que hizo una visita a la charca y, cuando iba a posarse, una lavandera lo espantó de malos modos...